Lois McMaster Bujold
 
Barrayar (на испанском)
 
(Barrayar (es) — 3)

 

1

   Tengo miedo. La mano de Cordelia apartу la cortina de la sala, en el tercer piso de la Residencia Vorkosigan. Sus ojos se posaron sobre la calle baсada por el sol. Un gran vehнculo plateado se acercaba por la calzada que desembocaba en el pуrtico principal, pasу ante la reja de seguridad y los arbustos importados de la Tierra. Un coche oficial. La puerta del compartimiento para pasajeros se elevу, y de allн emergiу un hombre con un uniforme verde. A pesar de la distancia, Cordelia reconociу al comandante Illyan, como de costumbre sin una gorra que cubriera sus cabellos castaсos. Illyan desapareciу de la vista bajo el pуrtico.
   Supongo que no tendrй que preocuparme hasta que Segundad Imperial venga a buscarnos en plena noche. Pero un resto de temor permaneciу agazapado en su estуmago. їPor quй tuve que venir a. Barrayar? їQuй he hecho conmigo misma, con mi vida?
   Unas botas retumbaron en el corredor y la puerta de la sala se abriу con un crujido. El sargento Bothari asomу la cabeza y emitiу un sonido de satisfacciуn al encontrarla.
   — Es hora de irnos, seсora.
   — Gracias, sargento. — Cordelia dejу caer la cortina y se volviу para examinarse por ъltima vez en el espejo colocado sobre la arcaica chimenea. Resultaba difнcil creer que la gente del lugar siguiese quemando materia vegetal sуlo para liberar calor.
   Cordelia alzу el mentуn sobre el cuello de encaje blanco de la blusa, acomodу las mangas de su chaqueta color canela y distraнdamente rozу con la rodilla la amplia y larga falda que utilizaban todas las mujeres Vor, color canela para hacer juego con la chaqueta. El tono la consolaba, ya que era casi el mismo de su viejo mono de Estudios Astronуmicos Betaneses. Cordelia se pasу la mano por los cabellos rojizos, peinados con raya al medio y retirados del rostro con dos peinetas esmaltadas, y los echу hacia atrбs sobre los hombros dejбndolos sueltos sobre la espalda. Sus ojos grises la observaron desde el rostro pбlido del espejo. La nariz era un poco aguileсa y el mentуn un poco demasiado largo, pero en general era un rostro adecuado, ъtil para cualquier propуsito.
   Bueno, si lo que querнa era verse exquisita, no tenнa mбs que colocarse junto al sargento Bothari. A su lado йl ofrecнa un aspecto lamentable con sus dos metros de altura. Cordelia se consideraba una mujer alta, pero su cabeza sуlo llegaba al hombro de aquel sargento con rostro circunspecto e introvertido que recordaba el de una gбrgola, de nariz ganchuda y rasgos exagerados como los de un criminal, acentuados por su cabello cortado al estilo militar. Ni el elegante uniforme color cafй del conde Vorkosigan, con los distintivos de la casa bordados en plata, lograban disimular la asombrosa fealdad de Bothari.
   Pero es un rostro excelente, sin duda, ъtil para, cualquier propуsito.
   Un sirviente uniformado. Vaya un concepto. їY a quй servнa?
   A nuestras vidas, nuestras suertes y nuestro honor, para empezar. Cordelia lo saludу con amabilidad por el espejo con un movimiento de cabeza, y dio media vuelta para seguirlo por el laberinto que era la Residencia Vorkosigan.
   Debнa aprender a moverse por esa enorme mansiуn lo antes posible. Era una vergьenza perderse en su propia casa y tener que preguntarle el camino a algъn guardia que pasaba o a un criado. En plena noche, envuelta sуlo en una toalla.
   Yo fui tripulante de una nave. Vamos. Si habнa podido arreglбrselas con cinco dimensiones allб arriba, sin duda serнa capaz de entenderse con tres aquн abajo.
   Llegaron a una gran escalera curva que descendнa tres pisos hasta un vestнbulo pavimentado en blanco y negro. Cordelia siguiу los pasos rнtmicos de Bothari con un andar ligero. La falda le hacнa sentir que estaba flotando, cayendo inexorablemente en paracaнdas por la espiral.
   Al pie de la escalera, un hombre alto y delgado, apoyado en un bastуn, alzу la vista cuando oyу sus pasos. El rostro de Koudelka era tan agradable y simйtrico como el de Bothari extraсo y estrecho, y esbozу una amplia sonrisa al ver a Cordelia. Ni las arrugas de los ojos y de la boca lograban avejentarlo. Vestнa el uniforme verde imperial, idйntico al del comandante de seguridad Ilyan, excepto por las insignias. Las mangas largas y el cuello de su chaqueta ocultaban la tracerнa de finas cicatrices rojas que cubrнan la mitad de su cuerpo, pero Cordelia se las imaginу. Desnudo, Koudelka podнa servir de modelo en una clase sobre la estructura del sistema nervioso humano, ya que en йl cada cicatriz representaba un nervio muerto, extirpado y sustituido por un hilo artificial. El teniente Koudelka todavнa no se habнa acostumbrado del todo a su nuevo sistema nervioso. Di la verdad. Los cirujanos de aquн son unos carniceros torpes e ignorantes. Sin duda el trabajo no estaba a la altura de los niveles betaneses. Cordelia no permitiу que ninguno de sus pensamientos se reflejase en su rostro.
   Koudelka se volviу con dificultad hacia Bothari.
   — Hola, sargento. Buenos dнas, seсora Vorkosigan.
   A Cordelia aъn le sonaba extraсo su nuevo nombre, ajeno. Le devolviу la sonrisa.
   — Buenos dнas, Kou. їDуnde estб Aral?
   — Йl y el comandante Illyan fueron a la biblioteca para decidir el sitio donde se instalarб la nueva consola de seguridad. No creo que tarden. Ah. — Asintiу con un gesto al oнr unos pasos que se aproximaban por el pasillo. Cordelia siguiу la direcciуn de su mirada. Era Illyan, delgado, imperturbable y amable, flanqueado (mбs bien eclipsado) por un hombre de cuarenta y cuatro aсos, resplandeciente en su uniforme verde de etiqueta. La razуn que la habнa traнdo a Barrayar.
   El almirante lord Aral Vorkosigan, retirado. Ex retirado, hasta el dнa anterior. Era indudable que sus vidas habнan sufrido un vuelco el dнa anterior.
   Pero puedes apostara que, de alguna manera, caeremos de pie. El cuerpo de Vorkosigan era robusto y fornido, y su cabellera oscura estaba salpicada de gris. En la mandнbula tenнa una vieja cicatriz con forma de L. Avanzaba con energнa contenida y sus ojos grises mostraban una expresiуn de profunda concentraciуn, hasta que finalmente se posaron en Cordelia.
   — Te doy los buenos dнas, seсora — le dijo, cogiйndole la mano. El sentimiento era absolutamente franco en sus ojos brillantes como espejos.
   En estos espejos parezco hermosa, notу Cordelia con emociуn. En ellos me veo mucho mejor que en el de la sala. Deberнa utilizarlos para verme. La mano fuerte de Aral estaba caliente sobre sus dedos frescos y delgados. Mi esposo. Eso sonaba correcto, se ajustaba con tanta firmeza y suavidad como su mano en la de йl, aunque su nuevo nombre, lady Vorkosigan, le seguнa pareciendo ajeno.
   Por unos instantes, Cordelia observу a Bothari, a Koudelka y a Vorkosigan.
   Uno, dos, tres heridos. Y yo, la auxiliar.
   Los supervivientes. Kou en su cuerpo, Bothari en su mente y Vorkosigan en su espнritu, todos habнan sufrido heridas casi mortales en la ъltima guerra con Escobar. La vida continъa. Hay que marchar o morir. їEstaremos empezando a recuperarnos, por fin? Ella esperaba que sн.
   — їLista para partir, mi querida capitana? — le preguntу Vorkosigan. Su voz era la de un barнtono, y su acento barrayarйs sonaba cбlido y ronco.
   — Tanto como me es posible, supongo.
   Illyan y el teniente Koudelka marcharon adelante. El andar de Koudelka parecнa lento y dificultoso comparado con los pasos rбpidos de Illyan, y Cordelia frunciу el ceсo con incertidumbre. Entonces tomу el brazo de Vorkosigan y partiу junto a йl, dejando a Bothari con sus quehaceres.
   — їCuбl es el programa para los prуximos dнas? — preguntу.
   — Bueno, primero estб la audiencia, por supuesto — respondiу Vorkosigan -. Despuйs verй a algunas personas. El conde Vortala se ocuparб de todos los detalles. Dentro de unos dнas, la Asamblea de Consejos emitirб su voto de consentimiento, y luego serй investido bajo juramento. No hemos tenido un regente desde hace ciento veinte aсos; Dios sabe quй protocolo habrбn de desenterrar y desempolvar.
   Koudelka se sentу en el compartimiento del vehнculo terrestre, junto al conductor uniformado. El comandante Illyan se acomodу frente a Cordelia y Vorkosigan, en el compartimiento trasero.
   Este coche estб blindado, comprendiу Cordelia por. el grosor de la cubierta transparente que se cerraba sobre ellos. Ante una seсal de Illyan, el conductor comenzу a avanzar lentamente hacia la calle. Casi ningъn sonido lograba penetrar del exterior.
   — Regente consorte. — Cordelia saboreу la frase -. їЙse serб mi tнtulo oficial?
   — Sн, seсora — respondiу Illyan.
   — їY hay deberes oficiales que lo acompaсen?
   Illyan mirу a Vorkosigan, quien dijo:
   — Pues, sн y no. Habrб que asistir a muchas ceremonias. Empezando por el funeral del emperador, que serб agotador para todos los afectados… excepto tal vez para el mismo emperador Ezar. Todo eso comenzarб cuando exhale su ъltimo suspiro. No sй si йl tiene programado el momento en que ocurrirб, pero no me extraсarнa viniendo de su parte.
   »El aspecto social de tus deberes dependerб de ti. Conferencias y ceremonias, bodas importantes, onomбsticas y funerales, recibir delegaciones de los distritos… relaciones pъblicas en general. Todo lo que la princesa Kareen cumple con tanto estilo. — Al ver la expresiуn consternada de Cordelia, Vorkosigan se detuvo y agregу -: O, si lo prefieres, puedes llevar una vida absolutamente reservada. En este momento tienes la excusa perfecta para hacerlo… — Su mano, que la tenнa rodeada por la cintura, acariciу disimuladamente el vientre todavнa plano de Cordelia -. A decir verdad, yo preferirнa que no te cansaras en exceso.
   »El aspecto polнtico es mбs importante; me resultarнa de gran ayuda si fueras mi vнnculo con la princesa viuda y con… con el pequeсo emperador. Entabla amistad con ella, si puedes; es una mujer extremadamente reservada. La educaciуn del niсo es vital. No debemos repetir los errores de Ezar Vorbarra.
   — Lo intentarй — suspirу ella -. Ya veo que serб toda una tarea pasar por una Vor barrayaresa.
   — No te lo tomes demasiado a pecho. No me gustarнa verte forzada. Ademбs, hay otra cuestiуn.
   — їPor quй serбqueesonomesorprende? Adelante.
   Йl se detuvo, eligiendo las palabras.
   — Cuando Serg, el difunto prнncipe heredero, llamу al conde Vortala un farsante progresista, no fue del todo un disparate. Los insultos que hieren siempre tienen algo de verdad. El conde Vortala ha intentado formar su partido progresista sуlo en las clases superiores. Entre la gente que importa, como dirнa йl. їNotas la pequeсa discontinuidad en su forma de pensar?
   — Sн, es tan pequeсa como el caсуn Hogarth, allб en casa.
   — Tъ eres una mujer betanesa de renombre en toda la galaxia.
   — Oh, vamos.
   — Asн es como te ven aquн. Creo que tъ no eres muy consciente de ello. En realidad, es muy halagador para mн.
   — Esperaba ser invisible. Pero no creo que sea tan querida despuйs de lo que hicimos a vuestro bando en Escobar.
   — Es nuestra cultura. Mi gente le perdona casi cualquier cosa a un soldado valiente. Y en tu persona se reъnen las dos facciones opuestas: la aristocracia militar y los plebeyos pro galбcticos. Realmente, creo que a travйs de ti podrнa ganarme a una buena parte de la Liga de Defensa Popular, si estuvieras dispuesta a jugar mis cartas.
   — Por Dios, Aral. їDesde cuбndo estбs pensando en esto?
   — En el problema, desde hace mucho. En ti como parte de la soluciуn, hoy mismo.
   — їQuй, en proponerme como falso caudillo para alguna clase de partido constitucional?
   — No, no. Eso es justamente lo que debo tratar de evitar, segъn el juramento que estoy a punto de prestar. Faltarнa al espнritu de mis votos si entregara al prнncipe Gregor un imperio vacнo de poder. Lo ideal… lo ideal serнa encontrar alguna manera de reclutar a los mejores hombres de cada clase, grupo idiomбtico y partido al servicio del emperador. Los Vor no cuentan con la capacidad suficiente. Hay que hacer que el Gobierno sea como lo mejor de las fuerzas armadas, valorando la capacidad sin preocuparse por los antecedentes. El emperador Ezar tratу de hacer algo similar, fortaleciendo los ministerios a expensas de los condes, pero llegу demasiado lejos. Los condes han perdido poder y los ministerios estбn corrompidos. Debe haber alguna forma de lograr un equilibrio.
   Cordelia suspirу.
   — Por lo que veo, no tendremos mбs remedio. que reconocerlo: discrepamos en lo que se refiere a constituciones. A mн nadie me ha designado regente de Barrayar. Sin embargo, te lo advierto… tratarй de hacerte cambiar de idea.
   Illyan alzу las cejas ante sus palabras. Cordelia se reclinу contra el respaldo con languidez y observу cуmo la capital de Barrayar, Vorbarr Sultana, pasaba frente a sus ojos. Ella no se habнa desposado con el regente de Barrayar, cuatro meses atrбs. Se habнa casado con un simple soldado retirado. Sн, se suponнa que los hombres cambiaban despuйs del matrimonio, por lo general para peor, їpero tanto? їTan pronto?
   Mis votos no me comprometнan a esto, seсor.
   — Ayer el emperador Ezar dio una muestra de gran confianza al designarte regente. No me parece un pragmбtico tan despiadado como tъ me habнas hecho creer — observу.
   — Bueno, es una muestra de confianza, pero movida por la necesidad. Tus palabras evidencian que no has comprendido lo que significa la asignaciуn del capitбn Negri a la Residencia Imperial.
   — No, їsignifica algo?
   — Desde luego, el mensaje es muy claro. Negri continuarб en su antiguo puesto como jefe de Seguridad Imperial. Por supuesto que no presentarб sus informes a un niсo de cuatro aсos, sino a mн. De hecho, el comandante Illyan sуlo serб su asistente. — Vorkosigan e Illyan intercambiaron una mirada levemente irуnica -. Pero en caso de que yo enloqueciera y quisiera apoderarme del poder imperial, sin lugar a dudas Negri se mantendrнa leal al emperador. Si eso llegara a ocurrir, tiene уrdenes secretas de eliminarme.
   — Oh. Bueno, te garantizo que no tengo ningъn deseo de convertirme en emperatriz de Barrayar. Te digo esto por si tenнas alguna duda.
   — No la tenнa.
   El vehнculo se detuvo ante una reja en un muro de piedra. Cuatro guardias los inspeccionaron minuciosamente, revisaron los pases de Illyan y les permitieron entrar. Todos esos guardias allн, y en la Residencia Vorkosigan… їcontra quй los protegнan? Contra otros barrayareses, seguramente, en ese panorama polнtico tan fraccionado. El viejo conde habнa empleado una frase muy barrayaresa que a ella le habнa parecido graciosa, pero ahora la recordу con inquietud. Con todo este estiйrcol, debe de haber un poni en alguna parte. Los caballos eran prбcticamente desconocidos en Colonia Beta, con excepciуn de unos pocos ejemplares en los zoolуgicos.
   Con todos estos guardias… Pero si yo no soy enemiga de nadie, їcуmo es posible que alguien me quiera mal?
   Illyan, quien parecнa algo nervioso, se dirigiу a ellos.
   — Seсor — dijo a Vorkosigan en forma vacilante -, yo sugerirнa… incluso le rogarнa que reconsiderara la posibilidad de instalarse aquн, en la Residencia Imperial. Los problemas de seguridad… mis problemas — esbozу una sonrisa tensa con la cual sus facciones planas adoptaron un aspecto de cachorro — serнan mucho mбs fбciles de controlar aquн.
   — їEn quй habitaciones ha pensado? — preguntу Vorkosigan.
   — Bueno, cuando… cuando Gregor asuma el tнtulo, йl y su madre se mudarбn a las habitaciones del emperador. Entonces las de Kareen quedarбn vacнas.
   — Las del prнncipe Serg, quiere decir. — Vorkosigan frunciу el ceсo -. Preferirнa fijar mi domicilio oficial en la Residencia Vorkosigan. Mi padre pasa cada vez mбs tiempo en la casa de campo Vorkosigan Surleau, y no creo que le moleste verse desplazado.
   — Lo siento seсor, pero no puedo apoyar esta idea. Mi punto de vista se basa estrictamente en cuestiones de seguridad. Se encuentra en la parte antigua de la ciudad. Las calles estбn llenas de madrigueras. En la zona hay al menos tres redes de viejos tъneles, y hay demasiados edificios altos desde los cuales se puede vigilar toda el бrea. Para lograr una protecciуn superficial necesitarй al menos seis patrullas en servicio permanente.
   — їTiene los hombres?
   — Bueno, sн.
   — Entonces nos quedaremos en la Residencia Vorkosigan. — Al ver la expresiуn decepcionada de Illyan, el almirante lo consolу -. Tal vez no sea un buen sitio para la seguridad, pero es excelente para las relaciones pъblicas. Con ello la nueva regencia tendrб un aire de… de humildad militar. Es posible que ayude a disminuir la paranoia acerca de un golpe palaciego.
   Y allн estaban, en el palacio en cuestiуn. Por su despliegue arquitectуnico, la sede imperial hacнa que la Residencia Vorkosigan pareciese pequeсa. Las grandes alas se elevaban cuatro pisos, y su altura quedaba acentuada por torres aisladas. En diversas йpocas se habнan efectuado aсadidos que unнan las alas creando patios vastos e нntimos a la vez, algunos con proporciones adecuadas y otros con un aspecto algo casual.
   La fachada del este era la que gozaba de un estilo mбs uniforme, cubierta de tallas en piedra. El lado norte era mбs irregular, entrelazado con complejos jardines formales. El sector oeste era el mбs antiguo, y en el sur se encontraba la construcciуn mбs reciente.
   El vehнculo se detuvo en una terraza de dos pisos sobre el lado sur, e Illyan los condujo por una ancha escalinata custodiada hasta unas amplias habitaciones en el segundo piso. Todos subieron lentamente, siguiendo los pasos torpes del teniente Koudelka, quien se volviу hacia ellos frunciendo el ceсo a modo de disculpa, y luego inclinу la cabeza nuevamente con gran concentraciуn… їo era vergьenza?
   їEste lugar no dispone de un tubo elevador?, se preguntу Cordelia con irritaciуn. Al otro extremo de aquel laberinto de piedra, en una habitaciуn con vista a los jardines del norte, habнa un anciano pбlido y consumido que agonizaba en su enorme cama ancestral…
   En el amplio pasillo superior, suavemente alfombrado, decorado con pinturas y mesas llenas de baratijas — obras de arte, supuso Cordelia — encontraron al capitбn Negri hablando en voz baja con una mujer que lo escuchaba con los brazos cruzados. Cordelia habнa conocido al famoso jefe de Seguridad Imperial el dнa anterior, despuйs de que Vorkosigan mantuviera su histуrica entrevista con el agonizante Ezar Vorbarra. Negri era un hombre fuerte, de rostro duro y cabeza en forma de bala. Habнa servido con fidelidad a su emperador durante casi cuarenta aсos y era una leyenda siniestra con ojos inescrutables.
   Ahora se habнa inclinado sobre su mano y la llamaba «seсora» como si realmente la respetara, o al menos sin mбs ironнa que la que infundнa a cualquiera de sus comentarios. La mujer rubia que lo acompaсaba (їo era una niсa?) estaba vestida con ropas normales de civil. Era alta y muy musculosa, y se volviу para observar a Cordelia con gran interйs.
   Vorkosigan y Negri intercambiaron un breve saludo. Los dos hombres se conocнan desde hacнa tanto
   tiempo que ya no necesitaban recurrir a las formalidades.
   — Y ella es la seсorita Droushnakovi — aсadiу Negri, seсalбndola con la mano.
   — їY cuбl es su cargo? — preguntу Cordelia con cierta desesperaciуn. Todos parecнan estar siempre bien informados por allн, aunque Negri tampoco habнa presentado al teniente Koudelka; Droushnakovi y Koudelka se miraron de soslayo.
   — Estoy al servicio de los aposentos imperiales, seсora. — Droushnakovi inclinу la cabeza ante ella, casi una reverencia.
   — їY a quiйn sirve? Ademбs de a los aposentos.
   — A la princesa Kareen, seсora. Йse es sуlo mi tнtulo oficial. Soy una guardaespaldas a las уrdenes del capitбn Negri. De primera categorнa. — Resultaba difнcil determinar cuбl de los dos tнtulos le proporcionaba mбs orgullo y placer, pero Cordelia sospechaba que era el ъltimo.
   — Si йl le ha otorgado tanta jerarquнa, serб usted muy competente.
   — Gracias, seсora. Lo intento — respondiу con una sonrisa.
   Todos siguieron a Negri por una puerta que se abrнa a una habitaciуn larga y soleada, con muchas ventanas que daban al sur. Cordelia se preguntу si la eclйctica combinaciуn de muebles estarнa formada por antigьedades inestimables o por simples cachivaches. No pudo determinarlo. Una mujer los aguardaba sentada en un canapй de seda amarilla al otro extremo de la habitaciуn, y observу con una expresiуn grave cуmo el grupo avanzaba hacia ella.
   La princesa Kareen era una mujer delgada y tensa de unos treinta aсos, con una hermosa cabellera oscura peinada con esmero, aunque su vestido gris era de un corte simple. Simple pero perfecto. Un niсo de unos cuatro aсos murmuraba a su estegosauro de juguete, tendido boca abajo en el suelo, y el muсeco le respondнa tambiйn en un murmullo. La mujer le pidiу que se levantara, que apagara el pequeсo robot y que se sentara a su lado, aunque el niсo mantuvo apretado con fuerza al suave muсeco de piel. Cordelia se sintiу aliviada al ver que el pequeсo prнncipe vestнa prendas cуmodas y apropiadas para su edad.
   Con frases formales, Negri la presentу ante la princesa y el prнncipe Gregor. Cordelia no supo si debнa hacer una reverencia o saludar, y terminу inclinando la cabeza como lo habнa hecho Droushnakovi. Gregor parecнa solemne y la mirу con gran desconfianza, de forma que Cordelia tratу de tranquilizarlo con una sonrisa.
   Vorkosigan se hincу sobre una rodilla frente al muchacho (sуlo Cordelia lo vio tragar saliva) y dijo:
   — їSabйis quiйn soy, prнncipe Gregor?
   Gregor se apretу contra su madre y alzу la vista hacia ella. Kareen asintiу con un gesto.
   — Lord Aral Vorkosigan — le respondiу el niсo en voz baja.
   Vorkosigan suavizу el tono y abandonу la formalidad para no atemorizarlo.
   — Tu abuelo me ha pedido que sea tu regente. їAlguien te ha explicado quй significa eso?
   Gregor sacudiу la cabeza en silencio. Vorkosigan mirу a Negri y alzу una ceja a modo de reproche. Negri no modificу su expresiуn.
   — Eso significa que harй el trabajo de tu abuelo hasta que seas lo bastante mayor para ocuparte de ello tъ solo, cuando cumplas los veinte aсos. Durante los prуximos diecisйis aсos, cuidarй de ti y de tu madre en lugar de tu abuelo, y me ocuparй de que recibas una educaciуn adecuada para que llegues a ser tan bueno como йl. Para que lleves adelante un buen gobierno.
   їSabнa el niсo lo que era un gobierno? Vorkosigan
   habнa tenido cuidado de no decir «en lugar de tu padre», notу Cordelia con frialdad. Intentaba no mencionar para nada al prнncipe heredero Serg. Asн como su cuerpo se habнa vaporizado en una batalla orbital, el recuerdo de Serg desaparecнa de la historia de Barrayar.
   — Por ahora — continuу Vorkosigan — tienes que estudiar mucho con tus tutores y obedecer a tu madre. їCrees que podrбs?
   Gregor tragу saliva y asintiу con un gesto.
   — Creo que lo harбs bien. — Vorkosigan lo saludу con un firme movimiento de cabeza, idйntico al que utilizaba con sus oficiales de estado mayor, y entonces se levantу.
   Creo que tъ tambiйn lo harбs bien, Aral, pensу Cordelia.
   — Mientras se encuentra aquн, seсor — dijo Negri cuando estuvo seguro de que no hablarнa mбs -, quisiera que me acompaсara a Operaciones. Hay dos o tres informes que me gustarнa presentarle. El ъltimo de Dar-koi parece indicar que el conde Vorlakail estaba muerto antes de que su residencia fuese quemada, lo cual arroja una nueva luz, o una nueva sombra, sobre la cuestiуn. Y tambiйn estб el problema de reformar el Ministerio de Educaciуn Polнtica…
   — Mбs bien de desmantelarlo — murmurу Vorkosigan.
   — Es posible. Y, como siempre, el ъltimo de los sabotajes de Komarr…
   — Ya entiendo. Vamos. Ah, Cordelia…
   — Es posible que la seсora Vorkosigan prefiera quedarse y hacernos una visita — murmurу la princesa Ka-reen de inmediato, sin apenas rastro de ironнa.
   Vorkosigan le dirigiу una mirada de gratitud.
   — Gracias, seсora.
   Distraнdamente, la princesa se deslizу un dedo por los labios mientras los hombres salнan, y se relajу un poco cuando todos se hubieron marchado.
   — Bien. Esperaba la ocasiуn de tenerla para mн sola. — Su expresiуn se tornу mбs animada mientras observaba a Cordelia. Ante una indicaciуn silenciosa, el niсo bajу del sofб y con unas miradas de soslayo regresу a su juego.
   Droushnakovi se acercу a ellas con el ceсo fruncido. — їQuй le ocurre a ese teniente? — le preguntу a Cordelia.
   — El teniente Koudelka fue herido por un disruptor nervioso — explicу Cordelia con frialdad. No sabнa con certeza si el tono extraсo de la muchacha no ocultaba alguna clase de desaprobaciуn -. Sucediу hace un aсo, cuando servнa a Aral a bordo del General Vorkraft. Al parecer, aquн los tratamientos neuronales no son tan eficaces como en el resto de la galaxia. — Cordelia cerrу la boca, temiendo que este comentario fuese interpretado como una crнtica a su anfitriona. De todas formas la princesa Kareen no era responsable por las deficientes prбcticas mйdicas de Barrayar.
   — їNo fue durante la guerra de Escobar? — preguntу Droushnakovi.
   — La verdad es que, en cierta forma, fue el primer disparo de la guerra. Aunque supongo que ustedes lo llamarнan fuego amigo. — Todo un oxнmoron capaz de confundir a cualquiera.
   — La seсora Vorkosigan, o tal vez deberнa decir la capitana Naismith, se encontraba allн — observу la princesa Kareen -. Ella debe de saberlo.
   A Cordelia le resultу difнcil interpretar su expresiуn. їCuбntos de los famosos informes de Negri habнan llegado a manos de la princesa?
   — ЎQuй terrible para йl! Parece haber sido un hombre muy atlйtico — comentу la guardaespaldas.
   — Lo era. — Cordelia abandonу su actitud defensiva y sonriу a la muchacha -. Los disruptores nerviosos son armas horribles, a mi parecer. — Distraнdamente se frotу el punto insensible del muslo, quemado apenas por la aureola de una descarga que, afortunadamente, no habнa penetrado el tejido subcutбneo daсando la funciуn del mъsculo. Sin lugar a dudas debнa haberse operado antes de viajar a Barrayar.
   — Siйntese, seсora Vorkosigan. — La princesa Kareen dio unas palmaditas a su lado, en el sitio que acababa de abandonar el futuro emperador.
   — Por favor, Drou, їquerrнas llevarte a Gregor para que almuerce?
   Droushnakovi asintiу con una mirada significativa, como si hubiese recibido algъn mensaje en clave con esa peticiуn tan simple. Despuйs de llamar al niсo, ambos se marcharon cogidos de la mano. La voz infantil llegу hasta ellas.
   — Droushi, їpuedo comer un pastel de crema? їY puedo darle uno a Estegui?
   Cordelia se sentу con cautela, pensando en los informes de Negri y en la desinformaciуn sobre el reciente fracaso de Barrayar al tratar de invadir el planeta Escobar. Escobar, el buen vecino y aliado de Colonia Beta… las armas que desintegraran al prнncipe heredero Serg con toda su nave habнan sido escoltadas a travйs del sitio barrayarйs por cierta capitana Cordelia Naismith, de las Fuerzas Expedicionarias de Beta. Hasta allн todo era del dominio pъblico y ella no tenнa de quй disculparse. Era la historia secreta, lo ocurrido entre bambalinas en el alto mando barrayarйs, lo que resultaba tan… traicionero. Cordelia decidiу que aquйlla era la palabra exacta. Era peligroso, como un desecho tуxico mal almacenado.
   Para sorpresa de Cordelia, la princesa Kareen se inclinу hacia ella, cogiу su mano derecha, se la llevу a los labios y la besу con firmeza.
   — Jurй que besarнa la mano que matase a Ges Vo-rrutyer. Gracias. Gracias — dijo Kareen con emociуn.
   Su voz era entrecortada, intensa, invadida por las lбgrimas, y la gratitud se reflejaba en su rostro. La princesa se enderezу y despuйs de recuperar su expresiуn reservada, asintiу con un gesto -. Gracias. Bendita sea.
   — Bueno… — Cordelia se tocу la mano -. Bien… yo… este honor pertenece a otra persona, seсora. Yo estuve presente cuando le cortaron el cuello al almirante Vorrutyer, pero no fue mi mano la que lo ejecutу.
   Kareen apretу los puсos sobre la falda y sus ojos brillaron.
   — їEntonces, fue Lord Vorkosigan? — ЎNo! — Cordelia apretу los labios, exasperada -. Negri debiу haberle entregado el verdadero informe. Fue el sargento Bothari. Tambiйn salvу mi vida en esa ocasiуn.
   — їBothari? — Kareen enderezу la espalda, asombrada -. їBothari el monstruo? їEl ordenanza loco de Vorrutyer?
   — No me importa que me culpen en su lugar, seсora, porque de haberse divulgado se habrнan visto forzados a ejecutarlo por asesinato y motнn. Pero… no quisiera hurtarle el mйrito. Le transmitirй sus palabras si usted lo desea, pero no estoy segura de que recuerde el incidente. Despuйs de la guerra y antes de ser licenciado fue sometido a una draconiana terapia mental… o a algo que los barrayareses llaman terapia, al menos. — Por lo que Cordelia habнa visto, eran tan competentes en este campo como en la neurocirugнa -. Y segъn tengo entendido, tampoco era absolutamente… normal antes de eso. — No — convino Kareen -. Es verdad. Yo pensй que era leal a Vorrutyer.
   — Йl decidiу… decidiу dejar de serlo. Creo que fue el acto mбs heroico que jamбs he presenciado. Salir de ese pantano de perversidad y locura, y tratar de alcanzar… — Cordelia se detuvo sin atreverse a decir «alcanzar la salvaciуn». Despuйs de una pausa preguntу -:
   їUsted culpa al almirante Vorrutyer por la corrupciуn del prнncipe Serg?
   Ya que estaban hablando sin rodeos… Nadie menciona, al prнncipe Serg. Йl creyу que tomaba, un atajo para llegar al imperio, y ahora simplemente ha desaparecido.
   — Ges Vorrutyer… — Las manos de Kareen se crisparon -. Йl encontrу un amigo de mentalidad parecida en Serg. Un seguidor para sus perversos pasatiempos. Tal vez… tal vez la culpa no haya sido toda de Vorrutyer, no lo sй.
   Una respuesta sincera, pensу Cordelia. Kareen aсadiу lentamente:
   — Ezar me protegiу de Serg cuando quedй embarazada. Hacнa mбs de un aсo que no veнa a mi marido cuando lo mataron en Escobar.
   Tal vez yo tampoco vuelva a mencionar al prнncipe Serg.
   — Ezar fue un gran protector. Espero que Aral lo haga igual de bien — dijo Cordelia. їNo se estaba anticipando al referirse al emperador Ezar en tiempo pasado? Todos los demбs parecнan hacerlo.
   Kareen pareciу regresar de una ausencia y sacudiу la cabeza para despejarse.
   — їDesea te, seсora Vorkosigan?
   Esbozу una sonrisa. Tocу un intercomunicador oculto en la joya que llevaba prendida al hombro y dio algunas уrdenes domйsticas. Al parecer, la entrevista personal habнa concluido. Ahora la capitana Naismith debнa tratar de averiguar cуmo actuaba la seсora Vorkosigan cuando tomaba el tй con una princesa.
   Gregor y la guardaespaldas aparecieron de nuevo cuando comenzaban a servirse los pasteles de crema, y el pequeсo logrу seducirlas para que le permitiesen comer otra porciуn. Kareen se negу con firmeza cuando llegу el momento de la tercera. El hijo del prнncipe Serg parecнa un niсo completamente normal, aunque se mostraba algo retraнdo ante los desconocidos. Con profundo interйs personal, Cordelia lo mirу junto a su madre. La maternidad. Todas lo hacнan. їCuan difнcil podнa llegar a ser?
   — їQuй le ha parecido hasta el momento su nueva casa, seсora Vorkosigan? — preguntу la princesa a modo de amable conversaciуn. Ahora estaban tomando el tй; no era momento de mostrar los rostros al desnudo. No delante de los niсos.
   Cordelia lo pensу unos momentos. — El palacio de la campiсa, Vorkosigan Surleau, es realmente hermoso. Ese lago maravilloso es mбs grande que cualquiera que exista en Colonia Beta, y sin embargo Aral lo considera normal. Su planeta es de una belleza inconmensurable. — Su planeta. їNo es tambiйn mi planeta? En una prueba de asociaciуn libre, «su casa» todavнa estaba unido a «Colonia Beta» en la mente de Cordelia. Sin embargo se sentнa capaz de permanecer para siempre junto al lago, descansando en los brazos de Vorkosigan -. La capital es… bueno, sin duda es mбs variada que nada de lo que tenemos en ca… en Colonia Beta. No obstante — agregу con una risita cohibida -, parece haber soldados por todas partes. La ъltima vez que me vi rodeada por tantos uniformes verdes estaba en un campo de prisioneros de guerra.
   — їAъn nos ve como al enemigo? — preguntу la princesa con curiosidad.
   — Oh, dejй de considerarlos asн incluso antes de que terminara la guerra. No eran mбs que una colecciуn de vнctimas.
   — Tiene usted unos ojos penetrantes, seсora Vorkosigan. — La princesa tomу un sorbo de tй y sonriу dentro de la taza. Cordelia parpadeу.
   — La Residencia Vorkosigan suele tener una atmуsfera de cuartel cuando el conde Piotr reside allн — comentу -. Todos esos hombres de librea. Creo que he visto a un par de criadas barriendo por algъn rincуn, pero aъn no he hablado con ninguna. Un cuartel barrayarйs. En Beta mi servicio fue algo completamente distinto.
   — Mixto — dijo Droushnakovi. їFue envidia lo que brillу en sus ojos? -. Hombres y mujeres sirviendo por igual.
   — Los puestos se otorgan tras una prueba de aptitud — le explicу Cordelia -. Estrictamente. Por supuesto, las tareas que requieren un mayor esfuerzo fнsico son i asignadas a los hombres, pero no parecen estar tan obsesionados con las categorнas.
   — Existe el respeto — suspirу Droushnakovi.
   — Bueno, si las personas arriesgan la vida por su comunidad, es lуgico que sean respetadas — seсalу Cordelia con calma -. Supongo que echo de menos a mis compaсeras oficiales. Las mujeres inteligentes, las tйcnicas, mi grupo de amigas allб en casa. — Allн estaba esa palabra tramposa otra vez -. Con tantos hombres inteligentes como los que tienen aquн, deben de haber tambiйn mujeres brillantes en alguna parte. їDуnde se esconden?
   Cordelia cerrу la boca, ya que de pronto se le ocurriу pensar que Kareen podнa interpretar sus palabras como un insulto. Aunque agregar «exceptuando las presentes» sin duda la dejarнa en peor posiciуn.
   No obstante si Kareen la interpretу de esa manera, no lo demostrу, y el regreso de Aral e Illyan rescatу a Cordelia de la posibilidad de cometer otras torpezas. Los tres se despidieron amablemente y regresaron a la Residencia Vorkosigan.
   — El capitбn Negri ha asignado a la seсorita Droushnakovi para que se encargue de la seguridad personal de la regente consorte — les explicу Illyan brevemente. Aral asintiу con un gesto.
   Mбs tarde, Droushnakovi entregу a Cordelia una nota sellada. Alzando las cejas, Cordelia la abriу. La letra era pequeсa y clara, la firma legible y sin rъbrica.
   Con mis saludos, decнa. Ella sabrб servirla bien. Kareen.
   Esa noche el comandante Illyan se presentу en la Residencia Vorkosigan seguido por Droushnakovi. Aferrada a una gran maleta, la joven mirу a su alrededor con los ojos brillantes de interйs.

2

   A la maсana siguiente, Cordelia despertу para descubrir que Vorkosigan ya se habнa marchado, y que ella debнa enfrentarse a su primer dнa en Barrayar sin la compaснa de su esposo. Decidiу dedicarlo a la compra que habнa decidido efectuar la noche anterior, cuando observу a Koudelka esforzбndose por bajar la escalera en espiral. Sospechaba que Droushnakovi serнa la guнa ideal para lo que tenнa pensado.
   Cordelia se vistiу y saliу en busca de su guardaespaldas. No le resultу difнcil encontrarla. Droushnakovi estaba sentada en el pasillo, justo al otro lado de su puerta, y se levantу al verla aparecer. Esa muchacha deberнa vestirse con uniforme, reflexionу Cordelia. El vestido que llevaba no cuadraba con su metro ochenta y cinco de altura, ni tampoco con su excelente musculatura. Entonces se preguntу si, como regente consorte, le permitirнan vestirla con librea, y durante el desayuno se entretuvo diseсando mentalmente un traje que sentara bien a la belleza valquiria de la muchacha.
   — їSabes?, eres la primera guardia barrayaresa que he conocido — le comentу Cordelia mientras se tomaba un huevo con cafй y una especie de cereales al vapor con mantequilla, los cuales constituнan el principal alimento de los desayunos del lugar -. їCуmo te iniciaste en esta de clase de trabajo?
   — Bueno, no soy una verdadera guardia, como los hombres de librea…
   Ah, la magia de los uniformes otra vez.
   —… pero mi padre y mis tres hermanos estбn en el Servicio. Es lo mбs cerca que pude llegar de convertirme en un verdadero soldado, como usted.
   Desesperada por el Ejйrcito, como el resto de Barrayar.
   — їSн?
   — De joven practicaba judo como deporte. Pero era L demasiado corpulenta para las clases femeninas. No podнa practicar en serio con nadie, y me resultaba muy aburrido. Mis hermanos comenzaron a hacerme entrar de tapadillo en sus clases. Una cosa condujo a la otra. Fui la campeona femenina de Barrayar dos aсos seguidos. Entonces, hace tres aсos, un nombre del capitбn Negri se me acercу con una oferta de trabajo. Entonces comencй a entrenarme con armas. Por lo visto hacнa aсos que la princesa pedнa guardias femeninas, pero hasta entonces no habнan encontrado a nadie que pasase todas las pruebas. — La muchacha esbozу una sonrisa -. Aunque no creo que la mujer que asesinу al almirante Vorrutyer necesite mis pobres servicios.
   Cordelia se mordiу la lengua.
   — Bueno, sуlo fue cuestiуn de suerte. Ademбs, en este momento no quisiera realizar ningъn esfuerzo fнsico. Estoy embarazada, їsabes?
   — Sн, seсora. Estaba en uno de los…
   — Informes del capitбn Negri — finalizу Cordelia al unнsono con ella -. No me extraсa. Es probable que lo supiera antes que yo misma.
   — Sн, seсora.
   — їTe alentaron en tus intereses cuando eras una niсa?
   — En realidad, no. Me consideraban un bicho raro. — Droushnakovi frunciу el ceсo y Cordelia tuvo la sensaciуn de que habнa despertado un recuerdo doloroso.
   Observу a la muchacha con expresiуn pensativa.
   — їTus hermanos son mayores?
   Droushnakovi la mirу con sus ojos azules abiertos de par en par.
   — Pues, sн.
   — Me lo imaginaba. — Y yo temнa a Barrayar por lo que le hacнa a sus hijos. No me extraсa que les resulte difнcil encontrar a alguien quйpase las pruebas -. Asн que has recibido entrenamiento con armas. Excelente. Entonces hoy podrбs guiarme; tenнa pensado ir de compras.
   La expresiуn de Droushnakovi pareciу algo abatida.
   — Sн, seсora. їQuй clase de prendas desea comprar? — preguntу amablemente, sin ocultar del todo la decepciуn que sentнa ante los intereses de su «verdadera» mujer soldado.
   — їAdonde irнas en esta ciudad para comprar un buen bastуn de estoque?
   La expresiуn abatida desapareciу.
   — Oh, conozco el sitio perfecto. Es donde acuden los oficiales Vor y los condes para abastecer a sus hombres. A decir verdad, nunca he entrado. Mi familia no es Vor, asн que no se nos permite la posesiуn de armas personales, sуlo contamos con las del Servicio. Pero se supone que allн tienen de lo mejor.
   Uno de los guardias uniformados del conde Vorkosigan las condujo a la tienda. Cordelia se relajу y se dedicу a disfrutar observando la ciudad. Droushnakovi se mantenнa alerta, vigilando constantemente cuanto las rodeaba. De vez en cuando palpaba el aturdidor que llevaba oculto en el interior de la guerrera bordada.
   Tomaron por una calle mбs estrecha, de edificios antiguos con fachadas de piedra. La armerнa sуlo estaba marcada con su nombre, Siegling's, en discretas letras doradas. Evidentemente, si uno no sabнa dуnde se encontraba era porque no debнa estar allн. Cordelia y Droushnakovi entraron en la tienda mientras el hombre uniformado las aguardaba fuera. El lugar tenнa las paredes recubiertas en madera y el suelo estaba tapado por una gruesa alfombra. El aroma de la armerнa hizo que Cordelia evocase su nave, un extraсo deje familiar en un lugar desconocido. Observу con disimulo los paneles de madera, y tratу de calcular su valor en dуlares betaneses. Muchos dуlares betaneses. Sin embargo, en Barrayar la madera parecнa tan comъn como el plбstico. Las armas personales legales para las clases superiores estaban elegantemente exhibidas en estuches y en las paredes. Aparte de los aturdidores y las armas de cacerнa, habнa una colecciуn de espadas y cuchillos; al parecer los feroces edictos del emperador en contra de los duelos sуlo prohibнan el uso, no la posesiуn.
   Йl dependiente, un hombre mayor de ojos pequeсos y pasos suaves, se acercу a ellas.
   — їEn quй puedo servirlas, seсoras? — Era bastante cordial. Cordelia supuso que las mujeres Vor debнan de acudir allн en ocasiones, para comprar obsequios. Pero por el tono de voz que habнa utilizado, el hombre bien podнa haber dicho: «їQuй andбis buscando, pequeсas?» їLas subestimaba por medio del lenguaje corporal? No valнa la pena preocuparse.
   — Estoy buscando un bastуn de estoque, para un hombre de un metro noventa, aproximadamente. Debe de ser mбs o menos… asн de alto — calculу recordando la altura de Koudelka y seсalando su propia cadera -. Con vaina de resorte, tal vez.
   — Sн, seсora. — El dependiente desapareciу y regresу con un modelo en madera clara, con complicadas tallas.
   — Me parece un poco… no sй. — Vulgar -. їCуmo funciona?
   El dependiente le mostrу el mecanismo de resorte. La vaina de madera se deslizу para revelar una hoja larga y delgada. Cordelia extendiу la mano y, de mala gana, el dependiente se la entregу a su guardaespaldas. — їQuй opinas?
   Primero Droushnakovi sonriу, pero luego frunciу el ceсo.
   — No estб muy bien equilibrada. — Mirу al dependiente con incertidumbre.
   — Recuerda que trabajas para mн, no para йl — seсalу Cordelia, identificando la conciencia de clase que motivaba su actitud.
   — Dirнa que la hoja no es muy buena. — Es de una excelente hechura Darkoi, seсora — se defendiу el hombre con frialdad.
   Con una sonrisa, Cordelia volviу a cogerla. — Vamos a probar su hipуtesis. Alzу la hoja bruscamente en posiciуn de saludo y se lanzу contra la pared en una diestra extensiуn. La punta se clavу en la madera y Cordelia presionу sobre ella. La hoja se partiу. Con rostro imperturbable, le entregу los pedazos al dependiente.
   — їCуmo logra mantenerse si sus clientes no viven lo suficiente para comprarle mбs de una vez? Siegling's no debe haber adquirido su reputaciуn vendiendo juguetes como йste. Trбigame algo digno de un soldado decente, no una burda imitaciуn.
   — Seсora — dijo el hombre con dureza -, debo insistir en que pague la mercaderнa daсada. Fuera de sн, Cordelia le respondiу: — Muy bien. Envнe la cuenta a mi esposo, el almirante Aral Vorkosigan, a la Residencia Vorkosigan. Y de paso explнquele por quй intentу venderle algo de mala calidad a su esposa… alabardero.
   Esto ъltimo fue sуlo una conjetura basada en su edad y en su forma de caminar, pero a juzgar por sus ojos Cordelia comprendiу que habнa dado en el clavo.
   El dependiente hizo una profunda reverencia.
   — Le ruego que me disculpe, seсora. Creo tener algo mбs apropiado, si
   me hace el favor de aguardar.
   El hombre volviу a desaparecer y Cordelia suspirу.
   — Comprarle a una mбquina es mucho mбs sencillo. Pero al menos he comprobado que el uso de la autoridad funciona tan bien aquн como en casa.