— ЎCreo que dirнa algo mбs que eso! — la interrumpiу Kou.
   Cordelia se volviу hacia Droushnakovi.
   — Lo que Kou quiere decir es que teme que tu familia no lo quiera porque es un invбlido.
   — ЎNo! — exclamу Drou indignada -. ЎEso no es…!
   Cordelia alzу una mano para interrumpirla.
   — Como vuestra intermediaria, permitidme. Kou, cuando una hija ъnica y adorada seсala y dice con firmeza: «Papб, quiero a ese hombre», un padre prudente sуlo responde: «Sн, cariсo.» Tres hermanos mayores ya pueden resultar mбs difнciles de convencer. Si la hace llorar, puede enfrentarse con un serio problema en un callejуn. Por eso supongo que aъn no te has quejado ante ellos, їverdad, Drou?
   Ella contuvo una risita.
   — ЎNo!
   Kou parecнa amilanado por esta nueva posibilidad.
   — Como verб — prosiguiу Cordelia -, si se esfuerza todavнa podrб evitar la venganza fraternal. — Se volviу hacia Drou -. Sй que se ha portado como un tonto, pero te aseguro que es un tonto educable.
   — Yo dije que lo sentнa — se quejу Kou.
   Drou se puso tensa.
   — Sн. Varias veces — observу con frialdad.
   — Y йste es el quid de la cuestiуn — dijo Cordelia lentamente, con el rostro muy serio -. Lo que Kou quiere decir, Drou, es que no lo siente en absoluto. Que el momento fue maravilloso, que tъ estuviste maravillosa, y que desea hacerlo otra vez. Y otra, y otra, solamente contigo, para siempre, con toda la aprobaciуn de la sociedad y cuantas veces quiera. їEs asн Kou?
   Kou pareciу sorprendido.
   — Pues… Ўsн!
   Drou parpadeу.
   — Pero… Ўeso era lo que yo querнa escuchar de ti!
   — їEn serio? — Йl la espiу por encima de la cabeza de Cordelia.
   Este sistema del intermediario tiene su gracia. Pero tambiйn tenнa sus lнmites. Cordelia se levantу y mirу el cronуmetro. Su sentido del humor desapareciу.
   — Todavнa os queda un poco de tiempo. Se pueden decir muchas cosas en poco tiempo, si utilizбis palabras breves.

18

   En el caravasar las horas previas al amanecer no eran tan oscuras como la noche en las montaсas. En el brumoso cielo nocturno se reflejaban las luces ambarinas de la ciudad. Los rostros eran borrosos y grises, como las fotografнas mбs primitivas. Cordelia tratу de no pensar: Como los rostros de los muertos.
   Despuйs de descansar unas horas, lavarse y comer, Alys Vorpatril todavнa no se sentнa muy fuerte, pero podнa caminar sola. La casera le habнa proporcionado unas ropas sorprendentemente sobrias: una falda gris larga hasta la pantorrilla y unos jerseys para protegerse del frнo. Koudelka habнa cambiado sus prendas militares por un pantalуn ancho, zapatos viejos y una chaqueta para sustituir la que habнan utilizado con fines obstйtricos de emergencia. Йl llevaba al pequeсo Ivбn, envuelto en un paсal improvisado y bien abrigado, completando el cuadro de una pequeсa y tнmida familia que trataba de abandonar la ciudad. Se suponнa que se dirigнan al campo, donde vivнa la familia de la esposa, antes de que se iniciaran las luchas. Cordelia habнa visto pasar a cientos de refugiados como ellos en su camino hacia Vorbarr Sultana.
   Koudelka inspeccionу al pequeсo grupo y frunciу el ceсo ante el bastуn de estoque que llevaba en la mano. Aunque sуlo parecнa un bastуn, la madera fina y pulida y el puсo tallado no parecнan adecuarse a su nivel social. Koudelka suspirу.
   — Drou, їpuedes esconder esto de alguna manera? Resulta muy llamativo con esta ropa, y me resulta mбs un estorbo que una ayuda con el bebй en los brazos.
   Droushnakovi asintiу con un gesto, se arrodillу para envolver el bastуn en una camisa y lo metiу en el bolso. Cordelia recordу lo que habнa ocurrido la ъltima vez que Kou habнa llevado ese bastуn en el caravasar, y observу las sombras con nerviosismo.
   — No creo que a estas horas haya mucho peligro de que alguien nos ataque. No tenemos aspecto de ser personas ricas.
   — Algunos serнan capaces de matarla por sus ropas — replicу Bothari con displicencia -, ahora que se aproxima el invierno. Pero estб mбs tranquilo que de costumbre. Las tropas de Vordarian han estado recorriendo el barrio en busca de «voluntarios» para que los ayuden a cavar esos refugios antibombas en los parques de la ciudad.
   — Nunca creн que llegarнa a alegrarme de que exista la esclavitud — gimiу Cordelia.
   — De todos modos, es una tonterнa — dijo Koudelka -. Destrozar todos los parques. Aunque llegaran a tiempo, no lograrнan albergar a tanta gente. Pero resulta impresionante, y lord Vorkosigan aparece como una imagen amenazadora en la mente de las personas.
   — Ademбs — Bothari se levantу la chaqueta para mostrar el reflejo plateado de su disruptor nervioso -, esta vez tengo el arma apropiada.
   Entonces no habнa mбs que decir. Cordelia abrazу a Alys Vorpatril y йsta le susurrу al oнdo:
   — Dios te ayude, Cordelia. Y que Dios pudra a Vidal Vordarian en el infierno.
   — Ve tranquila. Nos veremos en la base Tanery, їde acuerdo? — — Cordelia se volviу hacia Koudelka -. Vivid, y de ese modo confundirйis al enemigo.
   — Lo… lo intentaremos, seсora — dijo Koudelka.
   Con expresiуn solemne, hizo la venia a Droushnakovi. No hubo ironнa en su gesto militar, aunque tal vez reflejу un ъltimo dejo de envidia. Ella le respondiу con un ligero movimiento de cabeza. Ninguno de los dos quiso aсadir mбs palabras a ese momento. Los dos grupos se separaron en la oscuridad. Drou permaneciу mirando hasta que Koudelka y lady Vorpatril desaparecieron de la vista, y entonces se uniу a los demбs.
   Pasaron de los callejones oscuros a las calles iluminadas, donde de vez en cuando se veнa alguna figura humana que caminaba a toda prisa rumbo a sus obligaciones matutinas. Todos parecнan cruzar las calles para evitar los encuentros, y Cordelia se sintiу menos conspicua. Sintiу que se paralizaba cuando un vehнculo de la guardia municipal pasу lentamente junto a ellos, pero el coche siguiу su camino.
   Se detuvieron al otro lado de la calle, para observar el edificio al cual se dirigнan. La estructura tenнa varias plantas y pertenecнa al estilo prбctico de todas las construcciones que habнan surgido como hongos treinta aсos atrбs, cuando Ezar Vorbarra subiу al poder y llegу la estabilidad. Era un edificio comercial, no gubernamental; cruzaron el vestнbulo, montaron en el tubo elevador y descendieron sin encontrar ningъn impedimento.
   Cuando llegaron al sуtano, Drou pareciу inquietarse mбs.
   — Ahora sн que estarnos fuera de lugar. — Bothari mantuvo la guardia mientras ella se inclinaba para forzar la entrada a un tъnel. Luego les indicу que bajasen, guiбndolos por dos pasajes transversales. Evidentemente, el conducto se usaba con frecuencia, ya que las luces permanecнan encendidas. Cordelia forzу los oнdos tratando de percibir pasos que no fuesen los propios.
   En el suelo habнa una tapa asegurada con tornillos. Droushnakovi la aflojу rбpidamente.
   — Salten. Son sуlo un par de metros. Probablemente estarб hъmedo.
   Cordelia se introdujo en el cнrculo oscuro y aterrizу sobre algo lнquido. Encendiу la linterna de mano. El agua negra y grasienta le cubrнa las botas hasta los tobillos. Estaba helada. Bothari la siguiу. Drou, encaramada a sus hombros, volviу a cerrar la tapa y luego saltу al suelo.
   — Debemos recorrer medio kilуmetro por este desagьe. Vamos — susurrу. Estando tan cerca de la meta, Cordelia no necesitaba estнmulos para apresurarse.
   Despuйs de quinientos metros treparon por un orificio oscuro en la parte superior de la pared curva, y salieron a un tъnel mucho mбs antiguo y pequeсo, construido en ladrillo oscurecido por los aсos. Los tres se arrastraron a gatas. Debнa de resultar particularmente difнcil para Bothari, reflexionу Cordelia. Drou avanzу mбs despacio y comenzу a golpear el techo del tъnel con el casquillo metбlico del bastуn de Koudelka. Al oнr un sonido hueco, se detuvo.
   — Aquн. Se supone que deben caer. Tengan cuidado. — Desenvainу la espada y deslizу la hoja con sumo cuidado entre una fila de ladrillos. Se oyу un crujido, y el panel falso se desprendiу sobre su cabeza. Drou volviу a enfundar la espada -. Arriba — dijo mientras se enderezaba.
   Ellos la siguieron para encontrarse en otro desagьe antiguo, aъn mбs estrecho, que se extendнa por una empinada cuesta. Lo recorrieron lentamente, rozando los costados hъmedos con la ropa. De pronto Drou se irguiу y trepу sobre una pila de ladrillos rotos hacia una habitaciуn oscura, rodeada de columnas.
   — їQuй es este sitio? — preguntу Cordelia -. Parece demasiado grande para ser un tъnel…
   — Las antiguas caballerizas — le respondiу Drou -. Ahora nos encontramos bajo los jardines de la Residencia.
   — Pero esto no debe de ser ningъn secreto. Seguramente aparecen en los viejos planos. La gente… los de seguridad conocerбn su existencia. — En la penumbra, Cordelia observу los nichos mohosos y las arcadas iluminadas por sus vacilantes linternas.
   — Sн, pero йste es el sуtano de las caballerizas viejas, viejas. No las de Dorca, sino las de su tнo abuelo. Tenнa mбs de trescientos caballos. Se quemaron en un incendio espectacular hace unos doscientos aсos y en lugar de reconstruir las caballerizas en el mismo lugar, derribaron lo que quedaba y levantaron las que ahora se conocen como viejas en el sector este, contra el viento. En tiempos de Dorca fueron convertidas en viviendas para oficiales. Allн es donde se encuentran ahora la mayorнa de los rehenes. — Drou marchу con pasos firmes y seguros -. Estamos al norte de la Residencia, bajo los jardines diseсados por Ezar. Al parecer, йl encontrу este antiguo sуtano hace treinta aсos y junto con Negri ocultaron el pasaje. Una vнa de escape que ni siquiera conocнan sus propios hombres de seguridad. Parece de fiar, їno?
   — Gracias, Ezar — murmurу Cordelia con ironнa.
   — Aunque el verdadero riesgo comienza al abandonar el pasaje de Ezar — comentу la joven.
   Sн, todavнa podнan emprender la retirada, volver sobre sus pasos y olvidar el proyecto.
   їPor quй estas personas me han otorgado el derecho a poner en juego sus vidas? Dios, odio estar al mando. Algo se escabullу entre las sombras, y en alguna parte goteу el agua.
   — Por aquн — dijo Droushnakovi, iluminando una pila de cajas -. Las reservas secretas de Ezar. Ropas, armas, dinero… el capitбn Negri me hizo aсadir prendas de mujer y de niсo el aсo pasado, cuando se produjo la invasiуn de Escobar. Estaba preparado por si se presentaban problemas, pero los disturbios no llegaron hasta aquн. Mis ropas no le quedarбn muy grandes.
   Se quitaron sus prendas cubiertas de fango. Droushnakovi extrajo unos vestidos limpios, de los que usaban las criadas de mбs categorнa en la Residencia; la joven los habнa llevado cuando cumplнa esas funciones. Bothari extrajo su uniforme negro del bolso y se lo puso, aсadiйndole las insignias de Seguridad Imperial. Desde lejos parecнa un guardia como cualquier otro, aunque sus prendas estaban demasiado ajadas para pasar una inspecciуn mбs de cerca.
   Tal como Drou habнa prometido, habнa toda una colecciуn de armas cargadas en cajas selladas. Cordelia cogiу un aturdidor, y Drou la imitу. Sus ojos se encontraron.
   — Nada de vacilaciones esta vez, їeh? — murmurу Cordelia. Drou asintiу con la cabeza. Bothari cogiу una de cada: aturdidor, disruptor nervioso y arco de plasma.
   — No puede disparar eso en el interior — objetу Droushnakovi, observando el arco de plasma.
   — Nunca se sabe — respondiу Bothari.
   Despuйs de pensarlo unos momentos, Cordelia se atу el bastуn de estoque a la cintura. No se trataba de una verdadera arma, pero habнa resultado muy ъtil durante el viaje. Para la buena, suerte. Entonces, de las profundidades del bolso, extrajo lo que segъn ella era el arma mбs potente de todas.
   — їUn zapato? — preguntу Droushnakovi, confundida.
   — Pertenece a Gregor. Es para cuando nos encontremos con Kareen. No sй por quй, imagino que ella conserva el otro. — Cordelia lo guardу en un bolsillo interno de su chaquetilla Vorbarra, con la cual completaba la imagen de una criada de la Residencia.
   Cuando se hubieron preparado lo mejor posible, Drou volviу a conducirlos hacia el pasaje estrecho y oscuro.
   — Ahora estamos bajo la misma Residencia — susurrу, doblando una esquina -. Debemos subir por esta escalera entre los muros. La aсadieron despuйs, y no hay mucho espacio.
   Esto demostrу ser una subestimaciуn de la realidad. Cordelia contuvo el aliento y subiу tras ella, aplastada entre los dos muros, tratando de no hacer ruido. Por supuesto, la escalera estaba hecha de madera. Le latнa la cabeza por la fatiga y el flujo de adrenalina. Tratу de calcular el ancho entre las dos paredes. No resultarнa nada sencillo bajar la rйplica uterina por allн. Se dijo con firmeza que debнa pensar en forma positiva, pero aquello era positivamente cierto.
   ї Por quй hago esto? Podrнa encontrarme en base Tanery con Aral en este momento, dejando que estos barrayareses se maten entre sн todo el dнa, si tanto les gusta.
   Encima de ella, Drou alcanzу un pequeсo saliente, apenas una tabla. Cuando Cordelia llegу arriba, la joven le dirigiу una seсa para que se detuviese y apagу la linterna. Entonces tocу algъn mecanismo silencioso y un panel de una pared se abriу ante ellas. Por lo visto, todo se habнa mantenido bien engrasado hasta la muerte de Ezar.
   Ante ellas se hallaba la alcoba del viejo emperador. Habнan esperado encontrarla vacнa, pero no era asн. La boca de Drou se abriу en una exclamaciуn silenciosa de horror y aflicciуn.
   La inmensa cama de madera tallada donde Ezar habнa muerto no estaba vacнa. Una suave luz anaranjada proyectaba sombras sobre dos figuras dormidas, con los torsos desnudos. Cordelia reconociу de inmediato el rostro plano y el bigote de Vidal Vordarian. Estaba estirado ocupando casi toda la cama, y uno de sus brazos sujetaba de forma posesiva a la princesa Kareen. Ella tenнa el cabello oscuro esparcido sobre la almohada. Dormнa muy acurrucada en el rincуn superior de la cama, dбndole la espalda, con los brazos apretados al pecho, casi a punto de caer.
   Bueno, hemos encontrado a Kareen. Pero hay un obstбculo. Cordelia se estremeciу con el impulso de dispararle a Vordarian mientras dormнa. Pero la descarga de energнa pondrнa en funcionamiento las alarmas. Hasta que tuviera la rйplica de Miles en sus manos, no podнa correr el riesgo. Hizo seсas a Drou para que volviese a cerrar el panel y se inclinу hacia Bothari, quien aguardaba debajo de ella.
   — Abajo — le dijo. Entonces volvieron a descender los cuatro pisos. Cuando estuvieron nuevamente en el tъnel, Cordelia se volviу hacia la joven, quien lloraba en silencio.
   — Se ha vendido a йl — susurrу con la voz trйmula por la pena y la repulsiуn.
   — Explнcame quй posibilidades tiene en este momento de resistirse a su poder. Me interesarнa saberlo — replicу Cordelia con frialdad -. їQuй esperas que haga, arrojarse por una ventana para evitar un destino peor que la muerte? Ya pasу por situaciones peores que la muerte con Serg. No creo que encuentre ninguna emociуn en ellas.
   — Pero si hubiйramos llegado antes, tal vez… tal vez habrнamos podido salvarla.
   — Quizб todavнa podamos.
   — ЎPero ya se ha vendido!
   — їLa gente miente mientras duerme? — preguntу Cordelia. Ante la expresiуn confundida de Drou, le explicу -: No me pareciу que durmiera como una amante. Mбs bien lo hacнa como una prisionera. Prometн que tratarнamos de rescatarla, y lo haremos. — Tiempo -. Pero primero iremos por Miles. Probemos la segunda salida.
   — Tendremos que atravesar mбs pasillos vigilados con monitores — le advirtiу Droushnakovi.
   — No podemos evitarlo. Si esperamos, llegarб la maсana y nos toparemos con mбs gente.
   — Estбn comenzando las tareas en la cocina — suspirу Drou -. Solнa ir por allн a tomar un cafй con bollos.
   Quй pena, no podrнan realizar una incursiуn para hacerse con el desayuno. La pregunta era sencilla: їir o no ir? Lo que la impulsaba a continuar, їserнa valentнa o estupidez? No podнa ser valentнa, ya que estaba enferma de miedo, invadida por la misma nбusea бcida que habнa sentido justo antes del combate en la guerra de Escobar. El hecho de que la sensaciуn le resultara familiar no la ayudaba en nada.
   Si no actъo, mi hijo morirб. No tenнa mбs remedio que hacerlo, aun sin valor.
   — Ahora — decidiу Cordelia -. No habrб una ocasiуn mejor.
   Volvieron a subir la escalera. El segundo panel se abriу a la oficina privada del viejo emperador. Para alivio de Cordelia, estaba oscuro y en silencio, intacto desde que se limpiу y cerrу despuйs de la muerte de Ezar. La consola, con todos los dispositivos de seguridad, estaba desconectada, vacнa de secretos, tan muerta como su dueсo. Las ventanas todavнa estaban oscuras con la tardнa madrugada invernal.
   Cordelia atravesу la habitaciуn mientras el bastуn de Kou le golpeaba contra el muslo. Resultaba extraсo atado a su cintura. Sobre un escritorio habнa una gran bandeja de madera con un tazуn de cerбmica. Cordelia apoyу el bastуn sobre la bandeja y la alzу de forma solemne, al estilo de los criados.
   Droushnakovi asintiу con la cabeza.
   — Llйvela entre la cintura y el pecho — le susurrу -. Y mantenga la espalda recta… siempre me decнan eso.
   Cordelia asintiу. Cerraron el panel, enderezaron la espalda y llegaron al pasillo inferior del ala norte.
   Allн habнa dos criadas y un guardia de seguridad. A primera vista no llaman en absoluto la atenciуn, ni siquiera en esos tiempos difнciles. Al ver las insignias de Bothari, un cabo que montaba guardia al pie de una escalera hizo la venia, y йl le respondiу del mismo modo. Casi habнan desaparecido de la vista escaleras arriba cuando el joven volviу a mirar con mбs atenciуn. Cordelia tuvo que controlarse para no echar a correr. Una sutil confusiуn: las dos mujeres no podнan constituir una amenaza, ya que se encontraban bajo custodia. El cabo podнa tardar unos minutos en pensar que el mismo guardia podнa constituir una amenaza.
   Viraron al llegar al pasillo superior. Allн estaban. Detrбs de aquella puerta, segъn los informes de personas leales, era donde Vordarian guardaba la rйplica. Bien a la vista. Tal vez como escudo humano, ya que cualquier explosivo arrojado a las habitaciones de Vordarian tambiйn matarнa al pequeсo Miles. Aunque, їconsiderarнan los barrayareses que su hijo era humano?
   Otro guardia se encontraba junto a la puerta. Los mirу con desconfianza, posando la mano sobre su arma. Cordelia y Droushnakovi siguieron adelante sin volver la cabeza. La venia de Bothari se transformу rбpidamente en un golpe de mandнbula que enviу al hombre contra la pared. Bothari lo sujetу antes de que cayera. Abrieron la puerta y arrastraron al guardia al interior; el sargento ocupу su lugar en el pasillo. En silencio, Drou cerrу la puerta.
   Cordelia mirу a su alrededor con desesperaciуn, buscando monitores automбticos. La habitaciуn debнa de haber sido una especie de alcoba para que los guardaespaldas durmiesen cerca de sus amos Vor, o tal vez sуlo se trataba de un guardarropa grande; ni siquiera tenнa una ventana a un oscuro patio interno. La rйplica uterina portбtil estaba sobre una mesa cubierta por un mantel, en el centro exacto de la habitaciуn. Sus luces verdes y бmbar todavнa brillaban de forma tranquilizadora. No habнa ninguna luz roja que indicase algъn mal funcionamiento. Un suspiro de agonнa y alivio escapу de entre los labios de Cordelia.
   Droushnakovi mirу a su alrededor con preocupaciуn.
   — їQuй ocurre, Drou? — susurrу Cordelia.
   — Es demasiado fбcil — murmurу la joven.
   — Aъn no hemos terminado. Dentro de una hora sabremos si ha sido tan fбcil. — Se humedeciу los labios, invadida por una sensaciуn similar a la de Droushnakovi. No habнa nada mбs que hacer. Debнa cogerlo y partir. Ahora su ъnica esperanza radicaba en la velocidad.
   Cordelia apoyу la bandeja sobre la mesa, se dispuso a levantar la rйplica, y se detuvo. Algo fallaba, algo fallaba… Mirу con mбs atenciуn los registros. El monitor de oxнgeno ni siquiera funcionaba. Aunque la luz verde estaba encendida, la lectura del fluido de nutriente era 00.00. Vado.
   Cordelia abriу la boca en un gemido silencioso. Tenнa el corazуn en un puсo. Se inclinу mбs hacia el aparato, devorando con los ojos la confusiуn de cifras absurdas. De pronto, su angustiante pesadilla se volvнa real… horriblemente real… їlo habrнan tirado al suelo?, їpor un desagьe?, їen un retrete? їMiles habrнa muerto rбpidamente, o lo habrнan visto agonizar lentamente, privado de sus nutrientes vitales? Tal vez ni siquiera se habнan tomado la molestia de mirarlo…
   El nъmero de serie. Busca el nъmero de serie. Una esperanza vana, pero… enloquecida, se esforzу por recordar. Habнa reflexionado sobre ese nъmero allб en el laboratorio de Vaagen y Henri, meditando sobre aquella muestra de tecnologнa y el mundo distante que la habнa creado… y este nъmero no coincidнa. No era la misma rйplica, Ўno era la de Miles! Era una de las otras diecisйis, utilizada como cebo en esta trampa.
   El corazуn le dio un vuelco. їCuбntas otras trampas habrнan tendido? Se imaginу a sн misma, corriendo frenйticamente de una rйplica a otra, buscando…
   Me volverй loca.
   No. Donde fuera que hubiesen puesto la verdadera rйplica, tenнa que ser cerca de Vordarian. De eso estaba segura. Se hincу junto a la mesa, bajando la cabeza un momento para luchar contra las nubes negras que oscurecнan su visiуn y amenazaban hacerle perder el conocimiento. Alzу el mantel. Allн estaba. Un sensor de presiуn. їHabrнa sido idea del mismo Vordarian? Sucio y depravado. Drou se inclinу a su lado.
   — Una trampa — susurrу Cordelia -. Si levantamos la rйplica, se activa la alarma.
   — Si la desmontamos…
   — No. No te molestes. Es un cebo. Se trata de otra rйplica. Estб vacнa, con los controles conectados para que parezca que estб funcionando. — Cordelia tratу de pensar con claridad a pesar de los latidos en su cabeza -. Tendremos que volver por donde hemos venido. Bajar y volver a subir. No habнa esperado encontrar a Vordarian aquн, pero te garantizo que йl sabe dуnde se encuentra Miles. Lo someteremos a un pequeсo interrogatorio a la antigua usanza. Deberemos trabajar contra el tiempo. Cuando se ponga en funcionamiento la alarma…
   Unos pasos resonaron en el corredor, y gritos. El zumbido de un aturdidor. Maldiciones. Bothari irrumpiу en la habitaciуn.
   — Nos han descubierto.
   Cuando se ponga en funcionamiento la alarma, todo habrб terminado, concluyу la mente de Cordelia en medio del vйrtigo. Ninguna ventana, una puerta, y acababa de perder el control de su ъnica salida. La trampa de Vordarian habнa funcionado, despuйs de todo. Que Vidal Vordarian se pudra en el infierno…
   Droushnakovi se aferrу a su aturdidor.
   — No la abandonaremos, seсora. Lucharemos hasta el final.
   — Tonterнas — replicу Cordelia -. Con nuestras muertes no lograrнamos nada mбs que arrastrar a un par de hombres de Vordarian. Serнa absurdo.
   — їSe refiere a que debemos rendirnos?
   — Un suicidio glorioso es el lujo de los irresponsables. No nos rendiremos. Aguardaremos una mejor ocasiуn para triunfar, opciуn imposible si nos matan. — Por supuesto, si hubiese sido la rйplica verdadera la que estaba sobre la mesa… para entonces ya estaba lo bastante loca para sacrificar las vidas de esas personas por su hijo, reflexionу Cordelia desconsolada, pero no lo suficiente para sacrificarlos a cambio de nada. Todavнa no habнa llegado a ser tan barrayaresa.
   — Se estarб entregando a Vordarian como rehйn — le advirtiу Bothari.
   — Vordarian me ha tenido como rehйn desde el dнa en que se llevу a Miles — seсalу Cordelia con tristeza -. Esto no cambiarб nada.
   Despuйs de negociar a gritos a travйs de la puerta durante unos minutos, aceptaron la rendiciуn y tiraron fuera sus armas. Los guardias trajeron un detector de explosivos para asegurarse, y luego cuatro de ellos entraron en la pequeсa habitaciуn para registrar a sus nuevos prisioneros. Dos mбs esperaron fuera. Cordelia no hizo ningъn movimiento brusco que pudiese alarmarlos. Un guardia frunciу el ceсo confundido al ver que el bulto sospechoso en el chaleco de Cordelia resultу ser un zapato de niсo. Lo dejу sobre la mesa, junto a la bandeja.
   El comandante, un hombre con la librea color rojo oscuro y dorado de Vordarian, hablу por el intercomunicador.
   — Sн. Todo estб en orden. Comunнquelo a Vordarian. No, йl ordenу que lo despertaran. їQuerrб explicarle usted por quй no lo hizo? Gracias.
   Los guardias no los sacaron al pasillo, sino que se limitaron a esperar. El hombre que habнa perdido el sentido por el puсetazo de Bothari fue arrastrado fuera. Con los brazos extendidos sobre la pared y las piernas separadas, colocaron a Cordelia junto a Bothari y Droushnakovi. Estaba aturdida por la desesperaciуn. Pero Kareen se acercarнa a ella en algъn momento, aun como prisionera. Debнa hacerlo. Sуlo necesitaba treinta segundos con Kareen, tal vez menos.
   Cuando vea a. Kareen, serбs hombre muerto, Vordarian. Podrбs caminar, hablar y dictar уrdenes, ignorante de tu muerte durante semanas, pero yo sellarй tu destino tal como tъ has sellado el de mi hijo.
   Al fin se materializу el motivo de la espera; Vordarian en persona, con pantalones verdes y el torso desnudo, entrу en la habitaciуn. Tras йl apareciу la princesa Kareen, quien sujetaba una bata de terciopelo rojo contra su cuerpo. El corazуn de Cordelia doblу sus latidos. їAhora?
   — Muy bien. Veo que la trampa funcionу — comenzу Vordarian con tono complaciente, pero agregу una exclamaciуn de sorpresa cuando Cordelia se apartу de la pared y se volviу para enfrentarlo. Йl alzу una mano para detener al guardia. La sorpresa dejу paso a una sonrisa de lobo en su rostro -. ЎDios mнo! ЎVaya si funcionу! ЎExcelente! — A sus espaldas, Kareen mirу a Cordelia, completamente perpleja.
   Mi trampa funcionу, pensу Cordelia. Obsйrvame…
   — De eso se trata, seсor — dijo el hombre de librea, en absoluto satisfecho -. No funcionу. No descubrimos a este grupo fuera de la Residencia ni le despejamos el camino… simplemente aparecieron de la nada. No debiу haber ocurrido. Si no hubiera venido aquн buscando a Rogen, tal vez no los habrнamos descubierto.
   Vordarian se alzу de hombros. Estaba demasiado encantado con la presa que acababa de atrapar como para emitir alguna palabra de censura.
   — Interrogad a esa niсa con pentotal — dijo seсalando a Droushnakovi -, y supongo que averiguarйis cуmo lo hicieron. Ella trabajaba en seguridad aquн.
   Droushnakovi se volviу con una mirada acusadora hacia la princesa Kareen. De forma inconsciente, йsta se apretу aъn mбs la bata y sus ojos oscuros la miraron con el mismo dolor interrogante.
   — Bien — dijo Vordarian sin dejar de sonreнr a Cordelia -, їlord Vorkosigan se encuentra tan limitado de tropas que debe enviar a su esposa para que haga el trabajo? No podemos perder. — Sonriу a sus guardias, quienes le devolvieron la sonrisa.
   Mierda, me arrepiento de no haber matado a este mamуn mientras dormнa.
   — їQuй ha hecho con mi hijo, Vordarian?
   — Una mujerzuela de otro planeta nunca lograrб el control de Barrayar tramando otorgar el imperio a un mutante. Eso lo puedo garantizar.
   — їЙsa es la versiуn oficial? Yo no quiero poder. Sуlo me quejo cuando los idiotas lo tienen sobre mн.
   A espaldas de Vordarian, los labios de Kareen se curvaron con tristeza.
   ЎSн, escъchame Kareen!
   — їDуnde estб mi hijo, Vordarian? — repitiу Cordelia con obstinaciуn.
   — Es el emperador Vidal ahora — observу Kareen, mirando a uno y a otro -, si logra conservar el tнtulo.
   — Lo harй — le prometiу Vordarian -. Aral Vorkosigan no tiene mбs derechos de linaje que yo. Y yo sн sabrй proteger y preservar al verdadero Barrayar, no fallare como los de su partido. — Volviу un poco la cabeza, como dirigiendo esta ъltima frase a Kareen.
   — Nosotros no hemos fallado — susurrу Cordelia, mirando a Kareen a los ojos. Ahora. Alzу el zapato de la mesa y extendiу el brazo; la princesa abriу los ojos de par en par y se abalanzу sobre la prenda. La mano de Cordelia se contrajo, como un mensajero entregando el testigo en una mortal carrera de relevos. La certidumbre ardiу como un fuego en su alma. Ahora, te tengo, Vordarian. El movimiento repentino despertу cierta inquietud entre los guardias armados. Kareen examinу el zapato con apasionada intensidad, haciйndolo girar entre sus manos. Vordarian alzу las cejas confundido, pero entonces se volviу hacia su jefe de guardia.
   — Mantendremos a estos tres prisioneros en la Residencia. Yo asistirй personalmente a los interrogatorios. Se trata de una oportunidad espectacular…
   Cuando Kareen volviу a levantar el rostro hacia Cordelia, sus ojos estaban llenos de esperanza.
   Sн, pensу Cordelia. Has sido traicionada. Te han mentido. Tu hijo vive. Ahora debes volver a pensar y a sentir; basta de andar por ahн como un alma en pena, mбs allб del dolor. Lo que te he traнdo no es ningъn obsequio. Es una maldiciуn.
   — Kareen — dijo Cordelia con suavidad -. їDуnde estб mi hijo?
   — La rйplica se encuentra sobre un estante en el guardarropa de roble, en la antigua alcoba del emperador — respondiу Kareen con firmeza, mirбndola a los ojos -. їDуnde estб el mнo?
   El corazуn de Cordelia se llenу de gratitud.
   — Se encontraba a salvo y bien, cuando lo vi por ъltima vez. Y seguirб asн mientras este hombre — moviу la cabeza hacia Vordarian — no descubra dуnde estб. Gregor la echa de menos. Le envнa su amor. — Sus palabras parecieron clavarse en el cuerpo de Kareen.
   Esto atrajo la atenciуn de Vordarian.
   — Gregor estб en el fondo de un lago. Muriу cuando su aeronave cayу con ese traidor de Negri — replicу con dureza -. La mentira mбs insidiosa es aquella que quieres escuchar. Ten cuidado, mi querida Kareen. Yo no pude salvarlo, pero lo vengarй. Te lo juro.
   Oh, espera Kareen. Cordelia se mordiу el labio. Aquн no. Es demasiado peligroso. Espera a tener una ocasiуn mejor. Cuando el maldito estй dormido, al menos… Pero si ni siquiera una betanesa se atrevнa a dispararle a su enemigo mientras dormнa, їcuбnto menos una Vor? Ella es una verdadera Vor…
   Los labios de Kareen se curvaron con una sonrisa. Tenнa los ojos brillantes.
   — Esto nunca ha estado sumergido — observу con suavidad.
   Cordelia escuchу el tono asesino latente en su voz; al parecer, Vordarian sуlo escuchу cierto alivio aniсado. Mirу el zapato sin comprender el mensaje, y sacudiу la cabeza como si tratara de aclarбrsela.
   — Algъn dнa tendrбs otro hijo — le prometiу con suavidad -. Nuestro hijo.
   Espera, espera, espera, gritу Cordelia interiormente.
   — No — susurrу Kareen. Retrocediу hasta el guardia de la puerta, le arrancу el disruptor nervioso de la funda, lo apuntу a Vordarian y disparу.
   El guardia alcanzу a desviarle la mano, y el disparo fue a dar contra el techo. Vordarian corriу a protegerse detrбs de la mesa, el ъnico mueble de la habitaciуn. Por puro reflejo, el hombre de librea extrajo su disruptor nervioso y disparу. El rostro de Kareen se contorsionу de agonнa mientras un fuego azul envolvнa su cabeza: su boca se abriу en un ъltimo grito silencioso.
   Espera, seguнa gimiendo la mente de Cordelia.
   — ЎNo! — gritу Vordarian horrorizado, arrancando el arma de las manos de otro guardia. Al comprender la enormidad de su error, el hombre de librea soltу su disruptor como si le quemase. Vordarian le disparу.
   Cordelia sintiу que la habitaciуn se inclinaba. Su mano se cerrу sobre la empuсadura del bastуn de estoque y la funda saliу volando para dar contra la cabeza de un hombre. Entonces descargу la espada sobre la muсeca de Vordarian. Йl gritу y dejу caer el disruptor nervioso, baсado en sangre. Droushnakovi ya se estaba abalanzando sobre un arma caнda. Bothari se desembarazу de su blanco con un simple golpe mortal en el cuello. Cordelia cerrу la puerta para impedir el paso de los otros guardias. La descarga de un aturdidor zumbу contra una pared, y entonces tres rayos azules, disparados por Droushnakovi en rбpida sucesiуn, acabaron con el ъltimo de los hombres de Vordarian.
   — Captъrelo — le gritу Cordelia a Bothari. Vordarian, quien temblaba mientras se sujetaba la mano derecha, casi separada del brazo, no estaba en condiciones de resistirse, aunque de todos modos pateу y gritу. Su sangre tenнa el mismo color que la bata de Kareen. Bothari lo sujetу por el cuello con firmeza, y apuntу el disruptor a su sien.
   — Salgamos de aquн — dijo Cordelia, y abriу la puerta de un puntapiй -. A la alcoba del emperador. — A Miles. Los otros guardias de Vordarian, preparados para disparar, se detuvieron al ver a su lнder.
   — ЎAtrбs! — rugiу Bothari, y todos se apartaron de la puerta. Cordelia cogiу a Droushnakovi del brazo, y juntas pasaron sobre el cuerpo de Kareen. Sus miembros de marfil yacнan enredados en la tela roja, hermosas formas abstractas incluso en la muerte. Utilizando a Bothari y a Vordarian como escudo, las mujeres retrocedieron por el pasillo.
   — Coja mi arco de plasma y comience a disparar — bramу Bothari a Cordelia. Sн; Bothari habнa logrado recuperarlo en algъn momento de la pelea.
   — No puede incendiar la Residencia — exclamу Drou, horrorizada.
   Esa ala sola ya albergaba una fortuna en antigьedades y objetos histуricos barrayareses, sin duda. Cordelia esbozу una amplia sonrisa, se apoderу del arma y disparу en el pasillo. Los muebles de madera y los antiguos tapices se encendieron apenas fueron rozados por el fuego.
   Te quemarй. Te quemarй por Kareen. Harй una pira en ofrenda a su coraje y su dolor, una pira que arderб mбs y mбs alto… Cuando llegaron a la alcoba del emperador, Cordelia completу el cuadro lanzando una descarga por el pasillo que acababa de atravesar. Esto es por lo que me habйis hecho a mн, y a mi hijo… Las llamas detendrнan a sus perseguidores unos cuantos minutos. Cordelia sintiу que su cuerpo flotaba, ligero como el aire. їAsн se sentirб Bothari cuando mata?
   Droushnakovi se dirigiу al panel que ocultaba la escalera secreta. Ahora maniobraba con firmeza, como si sus manos pertenecieran a otro cuerpo, y no a aquel cuyo rostro estaba baсado en lбgrimas. Cordelia dejу caer la espada sobre la cama y corriу hacia el enorme ropero de roble tallado. Una vez allн abriу las puertas de par en par. Unas luces verdes y бmbar brillaban en la oscuridad del interior.
   Dios, no permitas que sea otro cebo… Cordelia rodeу la caja con los brazos y la alzу a la luz. Esta vez tenнa el peso correcto, lleno de fluidos; las cifras eran las indicadas. Era el que buscaba.
   Gracias, Kareen. Yo no querнa matarte. Seguramente habнa enloquecido. No sentнa nada, ni pena ni remordimiento, aunque el corazуn le latнa a toda velocidad y tenнa la respiraciуn entrecortada. Era la violencia del combate, esa ilusiуn de inmortalidad que impulsaba a empuсar ametralladoras. Asн que esto era lo que buscaban los adictos a la guerra.
   Vordarian todavнa luchaba contra Bothari, profiriendo horribles maldiciones.
   — ЎNo escaparйis! — Dejу de resistirse y mirу a los ojos de Cordelia. Inspirу profundamente -. Piense, seсora Vorkosigan. Nunca lo lograrб. Me necesita a mн como escudo, pero no podrб llevarme inconsciente. Despierto, me resistirй cada metro del camino. Mis hombres estarбn aguardando allб afuera. — Volviу la cabeza hacia la ventana -. Nos dormirбn a todos con los aturdidores y la tomarбn prisionera.
   Su voz se hizo mбs persuasiva.
   — Rнndase ahora y salvarб las vidas de todos. La vida de esa cosa tambiйn, ya que significa tanto para usted.
   Moviу la cabeza en direcciуn a la rйplica que ella llevaba en sus brazos. Cordelia estaba mбs pesada que Alys Vorpatril en ese momento.
   — Yo nunca le ordenй a ese tonto de Vorhalas que matase al heredero Vorkosigan — — continuу Vordarian con desesperaciуn ante su silencio. La sangre manaba rбpidamente entre sus dedos -. Sуlo el padre, con sus fatales polнticas progresistas, constituнa una amenaza para Barrayar. El hijo podнa haber heredado el tнtulo de conde con mi bendiciуn. Piotr no debiу separarse del partido al que verdaderamente pertenece. Fue un crimen que lord Aral le obligara a hacerlo…
   Asн que eras tъ. Desde el principio. La pйrdida de sangre convertнa en una parodia la habitual labia polнtica de Vordarian. Parecнa pensar que hablando lograrнa evitar el castigo, que sуlo debнa encontrar las palabras adecuadas. Cordelia dudaba mucho de que lo lograse. Vordarian no era un malvado tan evidente como habнa sido Vorrutyer, ni tampoco habнa alcanzado la corrupciуn personal de Serg; sin embargo, la maldad manaba de йl de todos modos, no de sus vicios sino de sus virtudes: la valentнa de sus convicciones conservadoras y su pasiуn por Kareen. A Cordelia le dolнa terriblemente la cabeza.
   — Nunca llegamos a probar que usted se encontraba detrбs de Evon Vorhalas — dijo Cordelia con suavidad -. Gracias por la informaciуn.
   Eso lo silenciу por unos momentos. Inquieto, dirigiу la mirada hacia la puerta, que debнa estar a punto de estallar, recalentada por el infierno que ardнa al otro lado.
   — Muerto no le servirй como rehйn — dijo, enderezando la espalda con dignidad.
   — Usted no me servirб de ninguna manera, emperador Vidal — le respondiу Cordelia -. Ya han muerto al menos cinco mil personas en esta guerra. Ahora que Kareen no estб, їhasta cuбndo continuarб luchando?
   — Eternamente — gruсу йl -. La vengarй a ella… los vengarй a todos…
   Respuesta equivocada, pensу Cordelia con curiosa tristeza.
   — Bothari — llamу, y йl estuvo a su lado de inmediato -. Recoja esa espada. — Йl obedeciу. Cordelia dejу la rйplica en el suelo y posу una mano sobre la suya, la que sujetaba la espada -. Bothari, ejecute a este hombre por mн, por favor. — Su propia voz le sonу extraсamente tranquila, como si le hubiese pedido que le pasase la mantequilla. El asesinato no requerнa histerias.
   — Sн, seсora — dijo Bothari, y alzу la hoja. Sus ojos brillaron de placer.
   — їQuй? — aullу Vordarian, perplejo -. ЎEs una betanesa! ЎNopuede…!
   Como un relбmpago, el filo de la espada segу sus palabras, su cabeza y su vida. A pesar de los ъltimos chorros de sangre que brotaron de su cuello cercenado, fue un trabajo verdaderamente limpio. Vorkosigan debнa haber solicitado los servicios de Bothari para ejecutar a Cari Vorhalas. Toda la fuerza de su torso, combinada con ese acero extraordinario… Cordelia volviу a la realidad cuando Bothari cayу de rodillas junto al cuerpo, soltando la espada para apretarse la cabeza. Estaba gritando. Era como si el grito final de Vordarian hubiese salido por la boca de Bothari.
   Ella se derrumbу a su lado. De pronto volvнa a sentir el miedo que habнa estado conteniendo desde que Kareen arrebatу ese disruptor nervioso, desatando el caos. Evidentemente, movido por un estнmulo similar, Bothari estaba recordando lo prohibido, aquello que el alto mando barrayarйs habнa decretado que debнa olvidar. Cordelia se maldijo por no haber previsto esa eventualidad. їLlegarнa al extremo de matarlo?
   — Esta puerta estб muy caliente — dijo Droushnakovi, pбlida y temblorosa -. Seсora, debemos salir de aquн ahora mismo.
   Bothari respiraba con gran agitaciуn, sin soltarse la cabeza, pero poco a poco se fue calmando. Ella lo dejу para arrastrarse a ciegas por el suelo. Necesitaba algo, algo a prueba de agua… Allн, en el fondo del guardarropa, habнa una bolsa de plбstico fuerte que contenнa varios pares de zapatos pertenecientes a Kareen. Sin duda habнan sido transportados a toda prisa por alguna criada cuando Vordarian decretу que la princesa se mudara con йl. Cordelia volcу los zapatos, rodeу la cama y recogiу la cabeza de Vordarian que habнa rodado hasta allн. Era pesada, pero no tanto como la rйplica uterina. Entonces atу las cuerdas y las cerrу con fuerza.
   — Drou, tъ eres la mбs fuerte. Lleva la rйplica. Comienza a bajar. No la dejes caer. — Si ella dejaba caer a Vordarian, decidiу, el hombre ya no sufrirнa ningъn daсo.
   Droushnakovi asintiу con un gesto y levantу la rйplica junto con el bastуn. Cordelia no supo si lo llevaba por el valor histуrico que acababa de adquirir o porque se sentнa obligada a devolvйrselo a Kou. Mientras lograba que Bothari se levantara sintiу una corriente de aire fresco que entraba por el panel abierto, atraнda por el fuego al otro lado de la puerta. Pronto los tъneles se convertirнan en una gran chimenea, hasta que se derrumbase la pared y la entrada quedase bloqueada. Los hombres de Vordarian quedarнan muy confundidos cuando llegasen para hurgar entre las brasas y no encontraran sus restos.
   El descenso por aquel sitio tan estrecho fue como una pesadilla, con Bothari gimiendo bajo sus pies. Cordelia no podнa llevar la bolsa al lado ni delante de su cuerpo, por lo que se vio obligada a colgбrsela de un hombro y bajar con una mano, raspando los peldaсos con la palma.
   Cuando estuvieron abajo, empujу a Bothari para que continuase avanzando y no le permitiу detenerse hasta que volvieron a encontrarse en el viejo sуtano de las caballerizas, junto a las provisiones de Ezar.
   — їSe encuentra bien? — le preguntу Droushnakovi cuando Bothari se sentу con la cabeza entre las rodillas.
   — Le duele la cabeza — respondiу Cordelia -. Tal vez le dure un rato.
   — їY usted, se encuentra bien, seсora? — preguntу Droushnakovi, mбs preocupada aъn.
   Cordelia no pudo evitarlo; se echу a reнr. Al fin logrу controlar su histeria cuando Drou comenzaba a verse verdaderamente preocupada.
   — No.

19

   Las reservas de Ezar incluнan dinero en efectivo: marcos barrayareses de diversa denominaciуn. Tambiйn incluнan algunos documentos preparados para Drou, y no todos ellos habнan caducado. Cordelia uniу las dos cosas y enviу a Drou a comprar un coche terrestre usado. Luego aguardу junto a las provisiones mientras, lentamente, Bothari iba abandonando su posiciуn fetal y se recuperaba lo suficiente para caminar.
   Salir de Vorbarr Sultana siempre habнa sido el punto mбs dйbil de su plan, quizб porque en realidad nunca habнa creнdo que llegasen tan lejos. Para que la ciudad no se derrumbase bajo sus pies, Vordarian habнa ordenado restringir rigurosamente las salidas. Para el monocarril era necesario contar con pases y permisos. Las aeronaves habнan sido prohibidas, y cualquier guardia estaba autorizado a disparar si veнa una. Los coches terrestres debнan atravesar innumerables bloqueos de caminos. El viaje a pie era demasiado lento para un grupo cargado y agotado. Todas las posibilidades eran peligrosas.
   Despuйs de una eternidad, Drou regresу muy pбlida para conducirlos por los tъneles hasta una oscura calle lateral. La ciudad estaba cubierta por una capa de nieve sucia de hollнn. En direcciуn a la Residencia, a un kilуmetro de distancia, una nube mбs oscura se elevaba para confundirse con el cielo gris invernal; al parecer, el incendio aъn no habнa sido controlado. ї Cuбnto tiempo mбs seguirнa funcionando la decapitada estructura de mando de Vordarian? їYa se habrнa difundido el rumor de su muerte?